Eco-Negocios Tropicales

O de cómo salvar la diversidad de vida del Bosque Húmedo Tropical atendiendo las necesidades de sus habitantes.

Publicado en el diario El Mundo, Lima, Junio de 1995
Por: Javier Domínguez Faura

Dentro del bosque veo vida. Veo hongos en el suelo, frutos en las ramas de árboles, semillas, lianas y escarabajos. Veo a un maderero mirar al bosque y sé lo que él ve. Él ve trozas de madera que aún están en pie y que pueden llevarse a un aserradero. Sus ojos sólo han visto dinero. Los míos también.

Cuando veo el bosque y reconozco sus recursos (látex, castaña, uña de gato) veo el negocio que se puede hacer con ellos. Veo que los pobladores del bosque podrían mejorar sus ingresos al aprovecharlos. Y que si sus necesidades básicas son satisfechas con la recolección, transformación y venta de los productos que vienen del bosque, ellos serán los primeros en defenderlo. Cada dólar que cuelgue de una rama, o que corra por las fibras de una planta medicinal va a permitir que el bosque sobreviva. La clave es que la gente que vive en el bosque vea el valor económico que éste tiene no sólo en la madera. Sólo cuidamos lo que valoramos.

A excepción de la castaña y el caucho, el Estado no alienta el uso de los productos del bosque que son diferentes de la madera. Con sus políticas, el Estado favorece la deforestación, perjudicando incluso a los extractores de madera. La agricultura y ganadería extensiva, que es lo que promueve, requieren “limpiar” el suelo de la vegetación que posee. El bosque es un “estorbo” al “desarrollo”. No creo en ese “desarrollo” y estoy seguro que ese “estorbo” puede conseguir más dinero al fisco cuando los árboles están en pie.

El bosque no sólo es productor de madera sino de una infinidad de recursos diferentes a ella. Alas de mariposa, frutos exóticos, pieles de animales, plantas medicinales, látex, fibras, esencias y otros más son usados para subsistencia, vendidos en mercados locales, o exportados al extranjero. Los que, legal o ilegalmente, se comercializan participan en una red de intercambio que puede llegar desde el Lago Valencia, en Madre de Dios, hasta las chocolaterías de Londres en Inglaterra.

Los castañeros de Madre de Dios en Perú, de Pando y Beni en Bolivia, y de Pará y Acre en Brasil ven en los árboles de castaña la manera de ganarse la vida. Ellos no tumban los castaños, sino que recolectan sus frutos para extraer las semillas y venderlas luego como castañas, nuez del brasil o nuez del amazonas. Las castañas son uno de los productos forestales más importantes en Madre de Dios en Perú, y los castaños, desde varias décadas, tienen también una importancia económica grande en Bolivia y Brasil. En 1985 el proceso de pelado de castaña generó US $ 872 250,00 en salarios en Madre de Dios, garantizando trabajo continuo de abril a noviembre para 920 trabajadores.

En Tamshiyacu y San Pedro, la gente local extrae diversos tipos de fruta del bosque para luego venderlos en Iquitos. Estos frutos son fáciles de fermentar, pero la proximidad al mercado (el puerto de Belén) permite llevarlos hasta allá antes que se malogren y a precios competitivos. Otros caseríos ubicados un poco más lejos a lo largo del rio Amazonas no tienen estas ventajas y comercializan otros productos del bosque que soporten más el viaje y que tengan un mejor precio. Uno de ellos es ahora la uña de gato. A esta liana se le suman aceites (de ungurahui y de copaiba), cortezas (sangre de grado) y raíces (chuchuhuasi).

Un ejercicio de valoración hecho en Tamshiyacu en 1989 por dos botánicos (Charles Peters del Instituto de Botánica Económica del Jardín Botánico de Nueva York y Alwyn Gentry del Jardín Botánico de Missouri) y un economista de recursos naturales (Robert Mendelsohn de la Universidad de Yale) halló que el valor neto de una hectárea de bosque era de 420,00 dólares al año cuando se usaban los productos del bosque y se vendían en el mercado de Iquitos. De esta forma, el bosque vale más que si usado para extracción forestal o para ganadería. La diferencia de la extracción de frutas, resinas y plantas medicinales respecto a las otras actividades, es que recolectar los impuestos que correspondería a su comercialización es mucho más difícil.

Este estudio ha sido criticado por varias presuntas deficiencias, como la cuestión de si esa hectárea de muestra es representativa del resto de la amazonía peruana, o como el hecho de que Tamshiyacu está cerca de un mercado (Iquitos) haciendo posible la venta de productos que otros poblados no podrían lograr. Sin embargo el estudio es uno de los pioneros en tratar de encontrar el valor económico de nuestros bosques y llama la atención sobre las posibilidades de explotación de estos productos “no maderables” o, simplemente, diferentes de la madera.

Pero para que el negocio de vender productos diferentes de la madera sea exitoso para los que venden, los que compran y para el bosque, se debe conseguir cumplir con ciertos requisitos. El primero es que el producto tenga un mercado (o que se pueda crear uno para él). Es la primera consideración para cualquiera que quiera abrir un negocio. La conciencia ambiental mundial que se está logrando puede ayudar mucho en conseguir una demanda para el producto. Algunos ejemplos son los helados de castaña y el Forest Crunch que vende Ben & Jerry en los Estados Unidos de América (aunque no mucha gente está de acuerdo con este negocio -ver Los Detractores en esta página).

EL MARFIL ES AHORA VEGETAL

El segundo requisito del eco-negocio es que la producción y extracción de lo que pensamos vender sea sostenible en el tiempo. Esto significa, por ejemplo, no comercializar helados de aguaje si para conseguir los frutos hay que tumbar la palmera. O no cortar bosque virgen para sembrar uña de gato. Esto es importante para que el negocio no sea un sueño de corto plazo sino una alternativa de desarrollo para el largo, largo plazo.

Esto está condicionado también por otro factor, que es el precio que pueda tener nuestro producto. Si bien los mercados alternativos están dispuestos a pagar un poco más por un producto “verde”, acceder a ellos es a veces extremadamente difícil, y ser competitivo se convierte en una cuestión de vida o muerte (ver Los Detractores y El Marfil es ahora Vegetal).

Un factor más, con igual peso que el resto, es la participación de las comunidades que habitan los bosques de donde se sacan los recursos en el diseño, ejecución y beneficio del proyecto. Si ellos no pueden desarrollarse en el aspecto económico y social, el proyecto muy fácilmente puede fracasar. La presión social por el fracaso de una iniciativa de este tipo puede ser tan fuerte que arruine cualquier esfuerzo posterior para el desarrollo de esas comunidades y para la conservación de los bosques en que habitan.

Para salvar al bosque hay que encontrar la manera de usarlo económicamente, de encontrar productos que, extraídos de manera sostenible, es decir, sin deteriorar el potencial de producción y los procesos ecológicos del sistema, puedan darle una alternativa de vida a sus pobladores. Por eso cuando estoy dentro del bosque no sólo veo vida, sino que trato de buscar cómo hacer dinero de él.

Para “proteger” el bosque debemos encontrar actividades económicas que permitan a la gente que los habita un estándar de vida digno y respetable. Esto es lo que entiende Conservación Internacional (CI), una organización que trabaja por la naturaleza y los pueblos que habitan en ella desde hace ocho años.

En la región del Chocó en Ecuador, hace ya unos cinco años, CI empezó el eco-negocio de la venta de botones de tagua, la semilla de una palmera conocida en el Perú como yarina, bajo la marca Iniciativa TaguaTM. La principal idea de CI es la de lograr la conservación de áreas de muy alta diversidad de especies, a la que ellos denominan áreas calientes, a través del mejoramiento de la calidad de vida de los pobladores de esas áreas.

Para ellos lo primero es el contacto con una institución local que trabaje con los pobladores de esos sitios. El proyecto de la Iniciativa Tagua empezó con el contacto de CIDESA, una organización de desarrollo comunitario que venía trabajando en la región del Chocó ecuatoriano. El interés principal de CIDESA fue el de mejorar el ingreso de la gente de la Comuna Río Santiago Cayapas, el cual era una de los más bajos en todo el país.

Luego del diseño del proyecto con la participación de los miembros de la Comuna, la gente de Cayapas empezó a recolectar la Tagua para fabricar los discos precursores a los botones. A pesar de que la gente no recogía Tagua por décadas, la actividad no es nueva para la zona, sino que se remonta a principios de siglo, cuando los botones de plásticos no competían con su menor precio.

Para la conducción del eco-negocio, CI no sólo se fija en el componente de sostenibilidad (cosecha a largo plazo sin daños en el ecosistema) sino que mira a los productos alternativos sostenibles de la forma como cualquier negocio lo hace. Para lograr el éxito en los objetivos del proyecto el punto clave es que el producto debe ser rentable para todos los que participan, desde los recolectores hasta las compañías nacionales e internacionales.

A esta iniciativa se sumo un número de fabricantes de ropa que querían el sello “verde” de botones de tagua en sus prendas, entre ellas Esprit, Gap, Banana Republic y Smith & Hawken. A mayo de 1993, la iniciativa ha vendido un total de 15 millones de botones con un valor en el mercado de 1.5 millones de dólares americanos.

Luego de dos años de proyecto, el precio que los pobladores de Cayapas reciben se ha duplicado y las órdenes de venta han aumentado también. Esto debido a la ampliación del mercado y a la aparición de una competencia a los monopolios del pasado.

Los retos que tiene ahora CI son de diversificar su mercado y de tratar de darle mayor valor al producto que se puede obtener de la tagua. Su blanca dureza le da la apariencia de marfil, un marfil vegetal que puede reemplazar los adornos hechos con los colmillos de elefante, especialmente ahora que CI ha empezado una relación comercial con el consorcio japonés Keindanren para abastecerlos con ornamentos elaborados en el Ecuador por las comunidades de la región del Chocó.

 

LOS DETRACTORES

La idea de vender castañas, para ayudar a los nativos y a los castañeros de la selva brasilera empezó con Cultural Survival (CS), una agrupación sin fines de lucro de Norteamérica. Jason Clay, de CS, conoció a Ben Cohen, de los helados Ben & Jerry, y le conversó sobre su idea de comercializar castañas para ayudar a los grupos nativos y de castañeros de la amazonía brasilera. Ben había fundado su empresa con una idea muy social de lo que debía ser el capitalismo y se animó con la idea. Así nació un nuevo sabor de helados de Ben & Jerry (que se vende a US $ 2.99 la pinta), y el Forest Crunch, un turrón que contiene una mezcla de castaña, otras nueces y miel.

Cultural Survival se contactó entonces con la Cooperativa Extractivista de Xapurí. Ellos proveerían de la castaña necesaria para los productos y CS buscaría precios que pagasen los costos reales de la recolección y procesamiento de la castaña, de manera que los miembros de la cooperativa recibiesen mayores ingresos.

La propaganda inicial era que la compra de esos productos ayudaría a gente del Brasil a iniciar los trabajos de la cooperativa y que los bosques tropicales son más rentables cuando se extraen sus frutos y plantas medicinales que cuando sus árboles son cortados y quemados para negocios de corto plazo.

Pero los problemas empezaron cuando la demanda por el producto se incrementó y la gente de la cooperativa no podía proveer todos los pedidos. CS empezó a comprar castaña del mercado de Nueva York, llegando incluso a obtener más de la mitad de las castañas del mercado comercial y no de la cooperativa y las comunidades indias Kayapó que luchan por defender los bosques donde viven.

Los proveedores de castaña de Ben & Jerry incluyen ahora a la familia Mutran. Esta familia maneja cerca del 80% del mercado de castaña brasilero y uno de sus miembros ha sido convicto por la muerte de un dirigente sindical de los recolectores. Y esto no se dice en la propaganda, sino que la gente sigue pensando que al comprar los helados está ayudando a la gente de Xapuri.

Ahora CS está saliendo del mercado, y la distribuidora que compraba las castañas para Ben & Jerry le debe 30,000 dólares, convirtiéndose en uno de sus peores clientes. CS reconoce ahora que el proyecto ha sido un desastre económico y social. La iniciativa ha generado US $ 0.00 para proyectos de caridad en los tres últimos años simplemente porque trabaja a pérdida. La decepción por el proyecto está en boca de muchos antropólogos: “Los capitalistas verdes son como elefantes y la gente indígena son como pequeños patos. Un colono invasor mató al pato dejando los huevos sin nadie que los cuide. El noble elefante decidió hacerle a su amigo el pato un favor y se sentó sobre los huevos”.

¿Qué Hacemos con el Antisuyo?

Publicado en Quehacer: Revista Bimestral del Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo – DESCO, Lima, 1995, 95 72-75

Por: Javier Domínguez Faura

Los piromaniacos están ahí, quemando pastos, árboles de castaña, quemando puentes, los pocos puentes que sirven para andar en esa carretera. De día son las fumarolas, el humo que no deja ver bien el sol sino hasta media mañana, y de noche son las antorchas, los arbustos ardiendo aquí y allá, todo tan cerca de la carretera. ¿Cómo será bosque adentro? ¿Habrá bosque adentro?

Quema
Quema de cultivos

Cada año los piromaniacos, como los llaman los camioneros que van de Puerto Maldonado a Iberia, queman miles de hectáreas de bosques y pastos para agricultura y crianza de ganado en Madre de Dios, y más de 300,000 hectáreas en todo el país. Ellos queman la vegetación porque los suelos pobres en nutrientes se enriquecen con los minerales que las cenizas de árboles y arbustos contienen, y porque así, mal que bien, obtienen cosechas por tres o cuatro años. Bueno, ya sabemos que ese modelo de producción no funciona en el largo plazo, que no es sostenible, que se pierden los bosques, sus recursos, y el conocimiento que los nativos del área tienen de esas plantas y hierbas mágicas. Quemando y quemando, los piromaniacos están logrando destruir sin proponérselo sus posibilidades de desarrollo, esos cientos de especies de árboles a los que el mercado no pone un valor que llame la atención del oportunista, esas miles de plantas medicinales, esos cientos de animales silvestres que pueden dar tantas o más proteínas que las vacas sin degradar los suelos o los bosques.

En eso que antes era bosque los nativos del área usaban los recursos con más inteligencia que la sociedad que los ha desplazado. Ellos se basaban en el conocimiento del bosque, no en reglas de mercado. Ellos básicamente se mantenían a una densidad de población baja: tanta gente como la que los recursos y las técnicas para aprovecharlos racionalmente permitían. Madre de Dios es el departamento de menor densidad de población humana del Perú a pesar de haber crecido más rápido que el resto del país: su gente se ha duplicado en los diez últimos años logrando el récord de crecimiento en el último censo nacional.

Pero esa gente no tiene las mismas oportunidades de acceso a recursos y a bienestar que tenía hace diez años, porque mientras el recurso de los bosques disminuye por el uso que recibe, las técnicas usadas para aprovechar suelos, maderas, animales de caza, aves y peces no se adaptan para ser sostenibles en el tiempo: sólo agotan los recursos.

Bosque de nubes
Bosque de nubes

Aún así quedan recursos en Madre de Dios. Quizá el recurso más importante que tenga esta región es su diversidad de vida: Capital de la Diversidad Biológica del Mundo y Patrimonio Ecológico de la Humanidad. Y es que Madre de Dios no sólo tiene los récords de diversidad de especies de aves, mariposas y libélulas, sino que tiene las poblaciones protegidas más importantes en toda la amazonía de especies amenazadas y en peligro de extinción, como los guacamayos, lobos de ríos, jaguares y águilas arpías. Aquellas especies que son difíciles de observar en otros lugares de sudamérica tienen mucho más probabilidad de ser vistas en la Reserva de Biosfera del Manu y en la Zona Reservada de Tambopata-Candamo.

Esta diversidad de vida está relativamente resguardada por las áreas naturales protegidas de la región. Sin embargo, las especies de animales y plantas resguardadas ahí no generan beneficios económicos sino hasta que se usan. Al menos eso es lo que piensa un sector fuerte de empresarios y políticos de la región, esos que sólo ven el corto plazo. Dentro y fuera de las áreas naturales protegidas es siempre mejor dejar los árboles en los bosques de protección para evitar las pérdidas y gastos que vienen después de inundaciones y la erosión del suelo. Fuera de las áreas protegidas es siempre mejor usar el bosque en la actividad forestal ahí donde no se puede sostener ganadería o agricultura en el largo plazo.

Alegría
Camino al poblado de Alegría

De otro modo no sólo se logra una disminución de la diversidad de vida, sino también la reducción en la producción de especies de flora, como la castaña, u otros productos del bosque que requieren de polinizadores y de una estrecha relación con esos habitantes de la selva que aparentemente no tienen importancia y que ya no están cuando se quema el bosque: abejas, hormigas, hongos, sapos y escarabajos. ¡Algún valor económico tienen esos animalejos después de todo! Pero no muchos reconocen que la erosión se detiene conservando la vegetación adecuada sobre los suelos y manteniendo los procesos ecológicos que permiten la productividad primaria del bosque. Es que eso es sólo para ecologistas … mientras no se ven las consecuencias de no conservar.

Los verdaderos conservacionistas se dan cuenta que los recursos naturales deben ser usados porque la sociedad nacional, y en especial los pobladores locales los necesitan para dar sustento económico al país y a sus hogares. Pero para poder usar los recursos naturales de los bosques de Madre de Dios sosteniblemente, con sabiduría, debemos descifrar muchos de sus misterios, y esto sólo se consigue invirtiendo en investigación. La investigación en las áreas naturales protegidas de Madre de Dios tiene una larga historia de más de veinte años. Los investigadores peruanos y extranjeros están tratando de entender la complejidad del bosque, su estructura, y las posibilidades de uso de sus recursos. Existe un proyecto, ya en marcha, para el desarrollo del mapa de vegetación de Madre de Dios, que puede ser ampliado para toda la selva baja peruana. Este mapa mostraría la ubicación de los distintos tipos de bosque y la descripción de las especies de árboles y las comunidades animales presentes en cada localidad, volviéndose en un instrumento indispensable para la ordenación territorial de la selva según las posibilidades de uso de cada tipo de bosque.

En Madre de Dios la investigación científica, y con ella los científicos, está muy ligada al ecoturismo y esta relación permite ofrecer un servicio muy profesional de interpretación de lo que el visitante observa. El turismo de naturaleza en el departamento tiene un potencial económico inmenso, especialmente con el clima de pacificación que estamos viviendo. Lo que falta es integrar un poco más a la población local en el “negocio” del ecoturismo. Esto permitiría que los colonos del área se den cuenta que un lobo grande de río vale mucho más vivo para ser fotografiado por los turistas, que los veinte soles que les pagarían en la Plaza de Armas de Cusco por la piel del animal. Indudablemente yo (colono del área) pensaría que este argumento es válido si es que el hecho de que los turistas tomen fotos a estos animales me reporta un beneficio económico para dar de comer a mis hijos y para tomarme una caja de Cusqueñas frías a las orillas del Alto Madre de Dios.

Si los colonos y las comunidades nativas no obtienen beneficios de una forma más directa de las actividades económicas de importancia de la zona ellos recurrirán a las únicas alternativas de corto plazo que se les presenta. Es increíble, pero mucho de lo que hacen los piromaniacos es logrado por los incentivos de las políticas oficiales sobre el uso de recursos. Los mismos colonos saben que hacen daño a la “ecología”, pero no tienen otra alternativa. La percepción que tienen del bosque no es de una fuente de alternativas, sino de un obstáculo para el desarrollo. Hay quienes proponen a la carretera transoceánica, que unirá el Brasil con el Pacífico en el Puerto de Ilo y al Perú con el Atlántico en el puerto de Santos, como una solución para el desarrollo de Madre de Dios. Como bien dice Enrique Amayo, profesor e investigador peruano de la Universidad Nacional Paulista en Brasil, eso sería sólo una carretera de Brasil al Pacífico cruzando por el Perú, un corredor que sirva a los intereses brasileros de tener un puerto en el Pacífico. Con este enfoque no podemos lograr el desarrollo de Madre de Dios, ya que sus bosques son vistos como un lugar de paso para el desarrollo de otras áreas y su gente no es consultada debidamente. La carretera traería cosas buenas: reducción en fletes, integración espacial de Puerto Maldonado a Cusco, Puno y la costa sur peruana, y al estado de Acre en Brasil. Sin embargo los aspectos negativos pesarían más en la balanza: los resultados de la carretera serían probablemente una desordenada y mayor migración, deforestación, agotamiento de recursos, y conflicto social por la superposición de denuncios de usos de tierras (ya que no existe un catastro unificado de uso de tierras). Esto se debe, en mi opinión, a que el Programa de Desarrollo Regional Integral Acre/Madre de Dios (PDRI/AC-MD), que sustenta la conveniencia de la carretera, la proyecta como un fin y no como un medio de desarrollo, y porque tiene datos errados en la ubicación de tierras aptas para agricultura y en las proyecciones de producción de ganadería en la zona.

La carretera no es mala para Madre de Dios si se considera a ésta como un medio para integrar y desarrollar la región y no como un fin en sí mismo, un fin que puede ser validado al incluir, sólo en papel, elementos de desarrollo para el área. Para lograr integrar el proyecto carretera transoceánica al desarrollo sostenible de Madre de Dios debe primero trabajarse en el ordenamiento territorial por usos de la tierra y en dar reglas claras y justas sobre la tenencia de éstas. Madre de Dios tiene un excelente ejemplo de participación local en el ordenamiento y desarrollo de un área: la Zona Reservada de Tambopata-Candamo. Este ejemplo puede extenderse a un área mayor, el departamento, corrigiendo los pequeños problemas de los que se ha aprendido en el proceso de ordenación de la Zona Reservada. Esto sería un primer paso al desarrollo sostenible de Madre de Dios.

Ahora tenemos que ver el papel que el petróleo jugaría en ese desarrollo sostenible. Los trabajos de exploración petrolera que se están llevando a cabo en la zona han despertado mucha expectativa en sus pobladores. La palabra clave para ellos es “trabajo”. Los estudios de exploración y prospección petrolera están aportando a la zona algo de eso, aunque la contratación de trabajadores en las áreas de exploración no ha cubierto las expectativas de los locales. En general el trabajo especializado esta siendo hecho por gente foránea para la zona: Arequipa, Iquitos, y Lima. Lo que sí parece es que se está entrenando a algunos hombres en trabajos que requieren de más destreza y conocimiento. ¿Contratarán las empresas petroleras a estos maldonadenses o a otros trabajadores con más experiencia traídos de otros lares? ¿Qué pasará, si se encuentra petróleo, con la riqueza extraída del subsuelo de Madre de Dios? ¿Quedará algo de ella para el desarrollo sostenible de los hombres, mujeres y niños, colonos o nativos, de Madre de Dios?

Para lograr el desarrollo sostenible de Madre de Dios se debe integrar sus potencialidades, ya sea conocimiento tradicional, biodiversidad, ecoturismo, carretera, petróleo, madera y otros productos del bosque, al desarrollo de sus pobladores, al desarrollo sostenido interno. También es importante reconocer que la selva del Antisuyo no es una colonia interna de la costa o la sierra, ni la despensa de un gobierno central, sino el recurso que puede usarse primero en el desarrollo de sus poblaciones actuales, aquellas que no necesariamente van a las urnas, como muchos grupos étnicos del área, pero que tienen derecho a un desarrollo armónico y justo. El mismo derecho que la cabeza de un grupo económico y de poder asentado en la gran Lima.

Bosques Manejados y Rentabilidad Económica

(Publicado en El Diario El Mundo, Septiembre 1995)

Si conseguimos una ley forestal con el apoyo político del gobierno para este sector, los bosques manejados de nuestro país podrían cotizarse en el mercado de valores local. ¿Invertiría Usted?

Texto y fotos Javier Domínguez Faura

El edificio vino con un bosque bajo el brazo. Bajo el brazo y para el techo. Un benefactor de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos de Norteamérica, donó una casa para el uso de una de las escuelas de la prestigiosa Universidad. Pero el hombre tenía una visión lejana en el tiempo, y con el edificio, donó un joven bosque de robles. El pensó que el techo de la casa, cuyas vigas y puntales estaban confeccionadas de fino roble negro, necesitarían reparación en unos cien años. No se equivocó en prever las necesidades de su donación. Trescientos años después, varios robles de ese bosque serán cosechados para cambiar la estructura completa del techo.

Hay ciertas cosas que requieren largo, largo plazo. No es lo mismo invertir en la producción de espárragos, que puede rendir dos cosechas al año, que en el crecimiento de un bosque tropical, en el que los turnos de corta para el cedro o la caoba pueden ser de 50 a 80 años. El tiempo que le toma a los árboles para crecer al tamaño que lo requiere la industria es la característica fundamental para su manejo. Según el ritmo de crecimiento del árbol y la tasa de interés imperante en el mercado se puede calcular el momento adecuado para extraer la madera y maximizar los beneficios (eso lo describió Faustman en Alemania, hace más de un siglo).

En el Perú, los extractores de madera aun hoy no calculan tazas de crecimiento ni turnos de corta. Ellos cosechan lo que esté cerca a ríos y carreteras y que tenga precio suficiente en el mercado para pagar los elevados costos de extracción. Esto significa sacar del bosque cedro, caoba, tornillo, ishpingo y sólo una veintena más de otras maderas. El resto, unas 2 mil 450 especies, se queda en el bosque porque su precio en Pucallpa, Iquitos o Puerto Maldonado no paga el esfuerzo de tumbar el árbol, llevarlo a una carretera, quebrada o río y luego conducirlo a un aserradero.

A pesar de lo que pasa en los bosques tropicales, la actividad forestal es el negocio de grandes empresas inversionistas y administradoras de fondos de pensiones de países como Estados Unidos de Norteamérica y Chile. Claro que sus bosques son más homogéneos y la infraestructura de caminos y comunicaciones es mucho mejor, pero ese no es el causante de que el negocio aquí no sea tan jugoso.

Según Fernando Razetto, presidente de la Cámara Nacional Forestal (CNF), el principal problema es que el sector forestal está relegado de la política nacional. Cuando se habla del sector agrario “nunca mencionan la palabra forestal “, sólo cuando se habla de conservación y medio ambiente. Y el recurso forestal implica no sólo mantener las bellezas paisajísticas y la biodiversidad, sino también la producción de bienes y servicios, de los cuales el que tiene mayor valor comercial es la madera.

Troncos listos para el aserradero.
Troncos listos para el aserradero.

En eso piensa no sólo el gremio de industriales forestales, sino también el Decano de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional Agraria La Molina, el ingeniero Manuel Ríos, quien tiene una formación eminentemente conservacionista. Y es que la conservación de los recursos, como él sostiene, no tiene que alejarse de la producción forestal, ni viceversa. Ambas deben buscarse una a la otra y la clave para esto es el manejo forestal. Un adecuado manejo de bosques permite no sólo que una industria forestal sea un verdadero negocio, sino que ésta sea también sostenible, es decir, que obtenga cosechas a largo plazo sin causar daños en el ecosistema.

Pero hasta hoy, el sector industrial forestal no maneja bosques en el Perú. ¿Por qué? No tanto por sus costos, sino por los incentivos que el industrial no recibe para hacerlo. Uno de estos incentivos es el de la propiedad del recurso. Actualmente el extractor de madera puede acceder a una concesión de bosques nacionales por unos 10 a 20 años renovables. Si este industrial realiza plantaciones, maneja la regeneración natural o hace enriquecimiento del bosque, los árboles que pueda producir así no son suyos, son del Estado, y a él tendrá que pagar los derechos de extracción por esa madera en pie.

Este panorama no es llamativo para los inversionistas de hoy. La estabilidad que brinde el Estado en cuanto a la tenencia del recurso es muy importante. Si este primer paso se da, la industria forestal, específicamente la de transformación primaria de la madera podría lograr un incremento de 4% en el PBI, según lo proyectado por la Cámara Nacional Forestal (CNF).

Trozas de madera para laminado.
Trozas de madera para laminado.

Los cálculos se basan en el destino que la materia prima de las 11 millones 600 mil hectáreas de bosques de producción permanente propuestos por la CNF tendrían en el mercado actual, el que considera trozas sin transformación para exportación (10%), madera aserrada (30%), molduras (20%), pisos (10%), tableros (25%) y chapas decorativas (5%). Según estas consideraciones los 11 millones 250 mil metros cúbicos de madera que podría cortarse anualmente significarían más de mil 200 millones de dólares americanos, 70% vendidos en el mercado local y 30% en el mercado internacional. En los últimos veinte años se ha cortado con fines industriales en promedio sólo 1 millón de metros cúbicos.

Los bosques no tendrían que estar bajo la administración pública, sino que la empresa privada, capaz de costear la alta inversión necesaria para la extracción y transformación de la madera, podría manejar los bosques propuestos para explotación permanente, unas 11 millones 600 mil hectáreas en total. Estas empresas se dedicarían a realizar las actividades silviculturales necesarias para enriquecer el valor comercial del bosque, sobre el cual podría emitir títulos valor que cualquier peruano pueda comprar en la bolsa de valores de Lima. El bosque crece, y con él el valor de las acciones.

Trozas de madera para laminado.
Trozas de madera para laminado.

La CNF está calculando, en función a la potencialidad de extracción de madera bajo diversas opciones de gestión, como pueden ser el manejo de la regeneración natural, el enriquecimiento con especies de valor comercial, y la plantación concentrada, tasas anuales de rendimiento financiero de 17.92%, 12.40% y 30.20% respectivamente. Los turnos de corta, base de estos cálculos, están entre 10 años, para las plantaciones con especies de rápido crecimiento, hasta 45 años, para el enriquecimiento de bosques.

Hay silvicultores -forestales que tienen como tarea hacer crecer el volumen de madera de los bosques- que no están completamente de acuerdo con estos períodos de tiempo y piensan en turnos más largos, sobre todo para especies que requieren una “maduración” después de llegar a tamaños comerciales. El típico caso es el cedro, que luego de llegar a más de 80 centímetros de diámetro debe “añejarse” un poco más, porque para muebles y estructuras el mercado exige una calidad especial. La madera no añeja no es buena para ciertos usos.

Esta necesidad de añejamiento de la madera nos hace recordar al vidente donador de casas, allá en el estado de Massachusetts en Norteamérica. La madera fina, aquella que ha de durar por decenas de años requiere de tiempo para crecer, formarse y ponerse a punto. Un buen forestal lo sabe. Un buen inversionista lo debe tener en cuenta. El manejo de bosques para la producción de madera no sólo es un negocio sostenible, al no dañar el ecosistema, sino también un negocio rentable que puede darle más valor al bosque. Y en general, sólo cuidamos lo que valoramos.